En una conferencia, el neurólogo y científico Ignacio Morgado explica algo muy interesante sobre cómo funciona la memoria en el aprendizaje. Él señala que el cerebro no solo recuerda lo que nos gusta o nos sale bien; también recuerda aquello que representó un peligro o una dificultad. Y lo hace por una razón muy práctica: evitar que volvamos a tropezar con la misma piedra.
Según Morgado, cuando vivimos una experiencia negativa o peligrosa, el cerebro la registra con fuerza para ayudarnos a no repetirla. Pero también ocurre lo contrario: cuando algo nos resulta beneficioso o positivo, el cerebro intenta recordar cómo lo hicimos para poder repetirlo.
Este principio, que proviene de la neurociencia, se observa con mucha claridad en el aprendizaje del canto.
En el entrenamiento vocal, los cantantes desarrollamos algo que podríamos llamar memoria de sensaciones. El cuerpo recuerda cómo se sintió una coordinación vocal determinada.
Por ejemplo, cuando intentamos alcanzar una nota aguda empujando la voz o generando demasiada tensión, el resultado suele ser evidente: el sonido se vuelve forzado, aparece incomodidad o fatiga vocal. Esa experiencia funciona como una señal de alerta. El cuerpo aprende que ese camino no es el adecuado.
Pero también ocurre lo contrario. Cuando una nota aparece con apoyo respiratorio equilibrado, con libertad en la garganta y con resonancia clara, la sensación suele ser muy distinta: el sonido fluye y el esfuerzo disminuye. En ese momento el cuerpo registra una coordinación que sí funciona.
El aprendizaje del canto, en gran parte, consiste en reconocer esas diferencias.
Aprendemos a identificar qué sensaciones indican tensión innecesaria, para evitarlas. Y aprendemos a reconocer las sensaciones de libertad y equilibrio, para poder volver a construirlas.
Por eso muchas veces, en una clase de canto, no solo buscamos que una nota “salga”, sino que el cantante pueda recordar cómo llegó a ella.
Porque cantar no es únicamente producir sonido. También es desarrollar una conciencia corporal que permita repetir aquello que funciona y que nos emociona.
Con el tiempo, cada cantante va construyendo su propio mapa interno:
un mapa de coordinaciones que conviene repetir y de caminos que es mejor evitar.
Y quizá ahí aparece una idea muy interesante:
el aprendizaje vocal no solo depende de la práctica, sino también de la memoria del cuerpo.
Recordar cómo se siente cantar bien es, en realidad, una parte esencial del entrenamiento de la voz.





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