Hay una pregunta que hago a mis alumnos con frecuencia, sobre todo cuando llevan trabajando varias semanas sin ver los avances que esperaban:
- ¿Cuántas horas practicas por semana?
La respuesta es inmediata, y luego la siguiente pregunta es:
- ¿Qué haces durante esas horas de práctica?
Y ahí es donde aparece el silencio o la duda. Y me queda claro que la mayoría de las veces, ellos no diferencian la acción de practicar con la de repetir sin sentido.
El mito de las horas acumuladas
Existe una idea instalada en el mundo del aprendizaje, no solo en el canto, que dice que la clave del dominio está en la cantidad de horas dedicadas. Diez mil horas, cifra que popularizó la psicología del rendimiento, se convirtió en una especie de promesa: practica lo suficiente y llegarás a dominar lo que estudias.
Particularmente, creo que esa cifra es una metáfora que nos motiva a que la práctica debe ser mucha, pero lo más importante desde mi experiencia, es cuál es la forma en la que llevas a cabo esas horas de trabajo y estudio para lograr tus objetivos.
Repetir una canción 10, 20 o más veces sin saber qué estás corrigiendo no es una práctica efectiva, simplemente es repetición. Y la repetición sin dirección u objetivos no construye, solo podrías estar afianzando justo aquello que quieres mejorar.
La práctica vocal efectiva
En mis años de enseñanza he identificado tres características que definen una sesión de práctica realmente productiva:
Atención dirigida: saber qué estás observando
Una práctica efectiva no empieza con «voy a cantar esta canción». Empieza con una pregunta: ¿Qué voy a trabajar hoy específicamente? Puede ser la apertura mandibular en los agudos, la transición en el passaggio, la articulación de una frase específica. Cuanto más concreto es el foco, más productiva es la sesión.
La voz aprende cuando sabe qué está buscando. Sin ese foco, la repetición pasa sin dejar huella.
Feedback real: escucharte y sentirte con honestidad
Ya hablamos en otro artículo de las tres formas de feedback esenciales, la escucha externa, la propiocepción y la observación directa. En la práctica individual, esas tres formas son tu sistema de evaluación.
Grabarte es fundamental. No para juzgarte, sino para tener información objetiva sobre lo que realmente está ocurriendo en tu voz, más allá de lo que percibes desde adentro. La grabación te muestra lo que el oído interno no puede mostrarte solo.
Pausa y ajuste: no seguir si algo no está funcionando
Una de las diferencias más claras entre repetir y practicar es lo que haces cuando algo no sale bien. Repetir es volver a empezar desde el principio y esperar que esta vez salga diferente. Practicar es detenerse, identificar qué específicamente no funcionó, hacer un ajuste consciente y trabajar ese fragmento de forma aislada antes de volver al todo.
Los avances en el entrenamiento vocal no siempre son inmediatos. A veces se acumulan en silencio durante días o semanas, y aparecen de golpe un día que no esperabas. Por eso la constancia importa tanto como la calidad de cada sesión.
Además, es fundamental que tomes en cuenta que todo lo que te afecta, afecta directamente a tu voz. Dormir bien, comer bien, mantener un estado de salud general óptimo, también hará la diferencia en tu rendimiento vocal.
La bitácora de entrenamiento vocal
Una herramienta que recomiendo a mis alumnos, y que transforma la consistencia del trabajo vocal, es llevar una bitácora de entrenamiento.
No tiene que ser muy elaborada. Puede ser un cuaderno, una nota en el teléfono, un documento simple. Lo que importa es que registres:
- Qué trabajaste: el ejercicio, la canción, el aspecto técnico
- Qué observaste: lo que funcionó, lo que no, lo que sentiste
- Qué vas a ajustar: la decisión concreta para la próxima sesión
Ese registro tiene un doble valor: te obliga a ser específico sobre lo que estás trabajando, y eso ya mejora la práctica.
Además esta bitácora con el tiempo te da una historia visible de tu proceso y cuando sientes que no avanzas, la bitácora te muestra cómo y cuánto camino has recorrido.
Una reflexión para cerrar
El cantante que practica con atención durante treinta minutos avanza más que el que repite durante dos horas sin dirección.
No es la cantidad de tiempo lo que construye la voz. Es la calidad de la atención durante ese tiempo.
Y esa atención no es un rasgo de personalidad, es una habilidad que se entrena y que se desarrolla sesión a sesión, con preguntas cada vez más precisas sobre lo que está ocurriendo en el instrumento.
La práctica hace al maestro, pero no cualquier práctica, solo aquella que tiene dirección.
Referencias
- Ericsson, K. A. & Pool, R. (2016). Número uno: secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos. Conecta.
- Ericsson, K. A. (2008). Deliberate practice and acquisition of expert performance: a general overview. Academic Emergency Medicine, 15(11), 988-994. ncbi.nlm.nih.gov
- Alessandroni, N. (2013). Pedagogía vocal comparada: qué sabemos y qué no. Arte e Investigación, 9, 7-13. papelcosido.fba.unlp.edu.ar
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